sábado, 28 de enero de 2017

¿Porqué estudiar el humor?


El descubrimiento de algo parecido al arte en un campo de concentración sorprenderá bastante al profano en esta materia, pero la sorpresa será aún mayor al escuchar que también chispeaba un cierto sentido del humor; claro está, un humor apagado y, aun así, sólo durante unos breves segundos o unos escasos minutos. El humor es otra de las armas del alma en su lucha por la supervivencia. Es bien sabido que, en la existencia humana, el humor proporciona el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque sea por un breve tiempo” (Vicktor Frankl, 1946: 71)

 

Este fragmento del libro de Vicktor Frankl, “El hombre en busca del sentido” promueve a reflexionar sobre si el humor realmente ocupa el lugar que merece en la vida de las personas y en consecuencia en la práctica educativa del educador social.

A través de la literatura y el cine, entre otras formas de expresión, observamos como el poder del humor, consigue distender la tensión provocada por una situación dramática, o como en clave humorística el autor logra acercarse al espectador provocando diversos sentimientos. Cabe mencionar, como  ciertos humoristas a través de sus monólogos consiguen abordar temas políticos y sociales, que en otros contextos parecen tabú, por lo que podemos intuir el que el humor tiene un fuerte potencial en relación a la libertad de expresión.

Más allá de los medios de comunicación,  los cuales dado su carácter de conocimiento compartido se convierten en buenos ejemplos, la mayoría de personas han experimentado el humor en sus diferentes dimensiones, de manera que se convierte en un concepto, si no de una manera unificada, si por todos conocido.

 

Parece una relación lógica y coherente pensar que el humor se da en los momentos alegres de la vida, cuando las situaciones son fáciles, de manera que este fluye y surge de manera espontanea. En cambio el humor tomado como actitud frente a la vida, provocando su aparición en contextos complejos o incluso dolorosos puede ayudar a mejorar la situación o como mínimo, hacerla más soportable.

Los educadores sociales trabajamos en ámbitos donde encontramos realidades sociales y personales complicadas, Sáez Carreras define al educador social como el “profesional que interviene y es protagonista de la acción social conducente a modificar determinadas situaciones personales y sociales a través de estrategias educativas”(1993:183), pero cada una de estas situaciones personales es diferente y llena de particularidades, por ello sería imposible definir una estrategia o metodología única que ayude al acompañamiento educativo.

Fernández Solís considera el humor una asignatura pendiente en el ámbito educativo; “La acción educativa precisa  de la investigación en diferentes campos para enriquecerse y no anquilonarse en viejos planteamientos. El humor bien empleado, puede servir a los educadores como herramienta para conseguir los objetivos pretendidos” (2003:148)

Nuestra profesión requiere reinventarse casi a diario, debida la pluralidad que caracteriza a una sociedad, donde cada persona, pese a tener aspectos en común, vive, piensa y siente de forma única, requiere de creatividad para elaborar nuevas estrategias personalizadas en cada caso, y el humor aplicado desde una perspectiva pedagógica,  es posible que pueda configurarse como una herramienta, una postura frente a la vida no solo para los educadores, sino también para aquellos a los que vamos a acompañar, ya que el humor es algo que se aprende y por tanto que podemos transmitir como saber, así como su posible  utilidad para la elaboración de recursos y materiales educativos.

El humor se aprende


Utilizar un tono humorístico para explicar experiencias emocionales propias (sean inventadas o no) promueve el aprendizaje del humor, ver nuestras debilidades desde otra perspectiva y aceptarnos tal como somos.

            A veces me rio de mi mismo
 
 
“Hoy tenía que madrugar y no quería, me he enfadado tanto que he pegado una patada a la cama, ¡que dolor de pie tengo ahora!”,
 “Ayer tuve una pesadilla, me desperté y revisé toda la casa, incluso debajo de la nevera, nunca se sabe donde puede haber un monstruo gigante”
 
 
 
 
Ayuda a los niños a identificarse con el/la educador/a, lo toman como modelo de expresión y auto ironía y se ríen, lo que mejora su atención, a que retengan los aprendizajes y disfruten del proceso educativo.

Los educandos comprenden que se trata de humor, de bromas, pero aprenden que si sabes reírte de ti te aceptas más y que todo el mundo tiene debilidades.

Con el humor es más sencillo entrar en contacto con lo que nos supone una dificultad, con emociones que a veces no podemos entender o controlar.

Los resultados son lo más interesante, los educandos sienten menos vergüenza por sus sentimientos, se conocen mejor y se aceptan, a la vez que comprenden a los demás identificándose con ellos, con sus miedos, por lo potencia también la tolerancia.

La actitud del educador y la educadora social


La actitud que tomemos frente a una situación condiciona completamente el desarrollo de la misma, el humor en este caso nos permite manejarla de manera beneficiosa para nosotros como profesionales así como para las personas que estén involucradas.


El poder de la sonrisa

Antes de cruzar la puerta me dibujo una sonrisa, dejo parte de mí fuera para dedicarme a las personas que voy a acompañar. Este gesto es vital en mi trabajo ya que los sentimientos se perciben y se trasmiten, y si lo que quiero es transmitir optimismo no puedo ir cargada de problemas y preocupaciones. Esta actitud positiva a la vez me ayuda a reaccionar con creatividad delante de las posibles adversidades.

 
Esta actitud no solo nos ayuda a empezar cada jornada con entusiasmo, sino que también resulta muy útil para tomar una postura asertiva y mostrar confianza en nosotros mismos. Se convierte en un estilo propio que a su vez disminuye las ocasiones en las que pueden aparecer conflictos agresivos al evitar una actitud más dominante o autoritaria.

viernes, 27 de enero de 2017

Reivindicación del humor en la Educación Social

La educación y la pedagogía han ido evolucionando a lo largo de los años en estrecha relación con las transformaciones sociales, culturales y políticas. Uno de los cambios más significativos es la mirada hacia el educando y la relación educativa, que ha pasado de su forma más autoritaria y dominante en la que se pretendía modelar al educando para convertirlo el alguien útil para la sociedad y estigmatizando a aquel que no encajaba con lo establecido, para llegar a lo que entendemos hoy en día como Educación Social.
No es de extrañar que bajo esta mirada se haya desestimado toda utilización del humor en el ámbito educativo, debido a que culturalmente se ha entendido como algo contrario a la seriedad, dentro de un imaginario donde predominaban el trabajo duro, la norma y el control.
El nacimiento de la Educación Social y sobre todo desde su consolidación como diplomatura en 1992, ha posibilitado el estudio y reflexión de toda esta trayectoria, de la forma de entender al educando y de cómo transmitir los saberes.
Esta apertura del concepto educativo posibilita reflexionar sobre infinidad de estrategias, metodologías y conceptos diferentes, ampliar los recursos educativos desde el arte, la música, el teatro, la creatividad, el deporte o el humor.
¿Por qué esa necesidad de convertir en severo todo lo relacionado con la educación, el trabajo o la vida misma? Culturalmente estamos inmersos en una construcción imaginaria sobre el sacrificio, es como si disfrutar solo formase parte de nuestro tiempo de ocio, como si fuese un privilegio de algunos y que ello implica tiempo y dinero, cuando realmente lo divertido lo podemos encontrar en cualquier momento de nuestras vidas, a caso ¿aprender no puede ser divertido?, o el trabajo ¿no podemos disfrutar de él?

Abrir la puerta a la alegría cuando quiera que aparezca, pues ella nunca es inoportuna”
Arthur Schopenhauer


Por ello, trato de reivindicar el humor, de conocer todas sus potencialidades, de reflexionar sobre sus teorías y aplicaciones en el ámbito educativo. El humor ha sido algo estigmatizo y olvidado, así que ¿por qué no recuperarlo?, si más no ¿Por qué no estudiar sus posibilidades? Se trata de abrir el cajón de la creatividad y hacer uso de todo aquello que esté en nuestras manos y facilite nuestra misión profesional.